Realista de las cosas y de las almas, Alvariño combina el realismo psicológico con el mundo de los matices y calidades de las materias. Tiene como base de su hacer un buen aprendizaje de Artesanía, palabra que escribimos con mayúscula, porque en él está potenciada a Arte. Al modo de los pintores de otros tiempos sabe su oficio. Desde él parte a la aventura del misterio del tema, la línea y el color. Realista hasta la saciedad cuando el asunto lo requiere, pasa a ser entre espiritista y parapsicólogo cuando le hurga en el espíritu la curiosidad por inquirir lo que puede haber más allá del mundo de las apariencias y de las realidades tangibles. Es simbólico y patético y lo mismo se siente atraído por los paisajes de la Naturaleza geográfico que por la topografía del mundo interior de las almas. Asimismo le atrae lo surrealista y lo psicoanalizable. Las vaguedades (traductoras de las de los espíritus) se entremezclan en él, como en nuestras experiencias del sensorialismo y del ensueño, con tangibles rotundeces de la materialidad de las formas.

El autorretrato de Alvariño ofrece de un neo-romántico. Que no le pese. Con harta razón cante Rubén Dario ¿Quién que es, no es rommántico?

D. Gamallo Fierros
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Alvariño pinta un arenque o un trozo de pan y su pincel les confiere una belleza superior a la que tienen en realidad. Para describir objetos tan cotidianos un escritor monta un espectáculo de circunloquios y no consigue sino insinuar la belleza que describen los pinceles. La pintura – por otra parte – no depende de espacio ni de tiempo: su idioma es cualquier idioma del mundo y el bodegón de Alvariño, por ejemplo, gustaría a Zurbarán, Chardin o Cezanne en el siglo XVII, en el siglo XVIII o en el siglo XIX.

Carlos Casanova.
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Dominador de la línea, Alvariño la tiene como norma áurea de sus trabajos. La envuelve en color o la funde con los fondos, pero allí está presente por la perfección del dibujante en todos sus elementos, ya sea en una gran muñeca rota, ya sea en las pequeñas monedas que un hombre está contando.

J. Trapero Pardo
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Dentro de las nuevas corrientes de la pintura realista española, tan rica de matices y de acentos personales, se puede situar la obra de Isidro Alvariño, un pintor de sólida formación profesional adquirida en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando y dueño de un amplio lenguaje expresivo, apoyado en la seguridad del dibujo y en una sugestiva receptividad lírica del color.

Su realismo tiende a la recreación artística a través de determinadas persuasiones de carácter intimista unas veces, o de ciertos moderados ecos de entronque surrealista otras, fundiendo en ocasiones ambas tendencias con estupendo garbo creador. En sus cuadros encontramos los ingredientes básicos que defienden un excelente pintor. El excelente pintor que es Isidro Alvariño.

J. Villa Pastur
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Acabo de regresar de un sosegado paseo frente a unos auténticos cuadros de sincero, de verdadero arte, donde la verdad y la belleza brillan en todos sus tonos, en todos sus matices, en todo su colorido en todo su dibujo, con la armonía propia de un virtuoso del pincel. No hay aquí recursos llamativos ni meras extravagantes, hay sí, fidelidad entre el pincel, entre lo visto y lo pintado, cosa hoy muy poco corriente pues lo que no saben, o son incapaces de hacerlo, por ser sobradamente geniales, nos hablaría de la máquina fotográfica y otras lindezas para justificarse a la manera del pintor orbaneja de quien nos habla Cervantes.

No, Isidro Alvariño ha estudiado Pintura y, por lo tanto, conoce a Velázquez, a Goya y sabe que no eran meros objetivos. Sabían trasladar al lienzo esos valores permanentes del cuerpo y el alma de sus modelos, de notas perdurables, imprimiendo carácter al argumento de sus cuadros, sin necesidad de explicaciones alambicadas. No es simplemente lo trasladado con sinceridad al lienzo, lleva a él una carga circunstancial anímica, enviando un mensaje al espectador pleno de contenido intimista, en una sinfonía armónica entre luces y sombras, color, dibujo, composición y vida.

Narciso Peinado
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La experiencia óptica supernítida en la pintura de Alvariño, coherente con la reflexión acerca de la ilusión de la realidad, es desvelada con un instinto entre la imaginación y el intelecto, para plasmar la realidad de la ilusión a través de un hiperrealismo. Pero la obra de este artista apartándose un poco de esta línea se engarza en un estilo entre lo clásico y un atractivo neorromanticismo que consigue ofrecernos un sentido más denso y sorpresivo.

Carmen Osorio

Bibliografía.

Gran Enciclopedia Gallega.
Bienal Internacional de las Artes Plásticas de Pontevedra. (1980)
Revista Arte Galicia. (1982)
Cataloque Sélections Le Salon des Nations. (1984)
Revista Batik. (1993)
Diccionario de Pintores y Escultores Españoles del Siglo XX.

Obra gráfica editada.

125 litografías de tirada limitada y numeradas La muerte de mi abuela. (1989)
125 litografías de tirada limitada y numeradas Deshumanización de la maternidad. (1989)
1000 litografías de tirada limitada y numeradas del cuadro pintado a Ronald Reagan. (1997)
150 litografías de tirada limitada y numeradas Lembranzas do agro. (2002)
150 litografías de tirada limitada y numeradas Espantallo. (2005)
150 litografías de tirada limitada y numeradas Bodegón. (2005)
150 litografías de tirada limitada y numeradas La mesa del monje. (2005)
150 litografías de tirada limitada y numeradas La puerta. (2005)