Isidro Alvariño Martínez nace una fría tarde de Enero en el pequeño y precioso pueblo de San Miguel de Reinante, en la costa de Lugo.

Su infancia transcurre feliz entre la vida en el campo que tanto le inspirará más adelante y sus dibujos.

Las lluviosas tardes de invierno se las pasa entre lápices, papel y tinta en el desván de la solariega casa donde vivía con sus padres, hermana y su abuela materna, una mujer esta última, que formaría parte importante de su vida y de sus recuerdos, Alvariño la inmortalizó en diversas obras, adquiriendo una notable fama el último cuadro que hizo de ella en su lecho de muerte titulado La muerte de mi abuela en 1979, una obra cargada de realismo y sentimiento.

Alvariño es un autodidacta, desde que es un niño le gusta pintar y con 10 años realiza su primer y pequeño óleo titulado Parrulos, a partir de aquí tiene muy claro lo que quiere y decide marcharse a la ciudad a los dieciséis años, dando un paso más en su vida e instalándose a vivir en Madrid para poder seguir estudiando en la Escuela de Artes.

Terminados sus estudios y fascinado por el impresionismo de Renoir, Degas o Monet viaja a Francia, donde permanece un tiempo disfrutando de este movimiento pictórico considerado el punto de partida del arte contemporáneo.

De vuelta a Madrid comienza a participar en concursos de pintura y exposiciones, la primera es una exposición sindical en la que se lleva el 2º premio, luego vendrán una exposición colectiva en 1969 y otra individual en 1972.

Ya en su tierra natal, a la que regresa en 1975 arrastrado por la morriña y los verdes paisajes que tanto añoraba, su carrera comienza a consolidarse y en contra del dicho popular, se convierte en profeta en su tierra ya que ese mismo año hace un exposición en la Diputación Provincial de Lugo con indudable éxito, éxito que se repetirá en todas las que vendrán más tarde, sin ir más lejos al año siguiente, en 1976 vuelve a participar en una nueva exposición que se celebra con motivo del Bimilenario de la fundación de Lugo.

Un año después, en 1977 inaugura con sus cuadros la sala del entonces BCI (Banco de Crédito e Inversiones).

En 1978 expone en la que era Caja de Ahorros de A Coruña y Lugo.

En 1980 es seleccionado en la Internacional de Pontevedra y ese mismo año expone también en Oviedo con gran éxito.

Pero su gran lanzamiento y lo que ha constituido un punto y a parte en su carrera hasta el momento, llegaría en 1983, cuando desde Washington le hacen un encargo muy especial, pintar el retrato del entonces Presidente americano Ronald Reagan. Finalizada la obra, viaja a EEUU para su entrega en La Casa Blanca (Washington), le acompañarán entre otras personalidades, el entonces Comisionado de Policía de Conética Alfonso Losada, gallego afincado en tierras americanas y a quien le une, desde entonces, una gran amistad y el alcalde de Bridgeport por aquellas fechas, Leonard Paoletta. Son recibidos por el entonces Presidente en funciones George Bush padre. Decide quedarse unos meses más en el país exponiendo en Nueva York con gran acogida por parte del público y mejores críticas.

En 1984 expone en París en Le Salon des Nations con obras como Mi abuela o La deshumanización de la maternidad en la que refleja como tema de fondo el maltrato y el abandono infantil.

De vuelta a Galicia, la Excma. Diputación de Lugo le encarga realizar los retratos de todos los Presidentes de la misma desde el año 1936 hasta la fecha.

En el año 1993 es elegido Lucense del Año.

En el año 2002 el Ilustre Colegio Oficial de Veterinarios de Lugo, le encarga los retratos de todos sus Presidentes.

Destacar también las numerosas colecciones particulares de Alvariño que han ido a parar a Estados Unidos, Venezuela, Méjico o Francia, así como la Colección de diversos cuadros para el Excmo. Ayuntamiento de Madrid.

Su vida transcurre tranquila, en creación continua de sus obras en su casa estudio de Santiago de Reinante (Lugo), entre los centenarios árboles del jardín que la rodea, disfrutando de la compañía de Maite, su mujer y apoyo incondicional durante todos estos años, de sus hijos y de los buenos amigos, todo ello en medio de este entorno natural con el mar a pocos metros, un lugar excepcional.

Alvariño, en esencia es todo aquello que plasma en sus obras,como la tierra que lo ha visto nacer y crecer, a la que ama cada día más y que hoy sigue siendo su fuente constante de inspiración y motivación.